La veleta hace de las suyas, el censor viene a visitarme y favoritos de septiembre

Septiembre 2018

Como buena veleta, estas últimas semanas he puesto patas arriba todo lo que llevaba planificando un par de meses. ¿Por qué? Pues porque las veletas genuinas dudamos de lo que hacemos en todo momento y nos parecen mejores otras ideas que van surgiendo en nuestra cabeza. Y, cuando vamos a poner en marcha esas otras ideas, pasa lo mismo. Hasta que llegamos a la idea inicial de nuevo. Cuando me bloqueo de esta manera, pueden ocurrir dos cosas: una, que me desespere y lo deje; y dos, que no me haga ni caso y siga adelante. Si estáis leyendo estas líneas, habré elegido la segunda opción.

Creo que esto me pasa por querer alcanzar la perfección y la coherencia suprema. La primera me la voy quitando de encima de a pocos (si no, estas palabras nunca hubieran salido a la luz) y la segunda, ¡ay, la segunda! Nos han enseñado a que debemos ser coherentes en lo que pensamos, en lo que hacemos, en lo que sentimos, en lo que nos gusta y en lo que no.

Está muy de moda, por ejemplo, mirar timelines de Twitter para ver quién dijo qué allá por 2007 cuando nació la red social. Yo he estado echando un vistazo al mío y ¡tengo 780 tuits! Imposible ser coherente con toda esa verborrea porque, aunque parezca que no, acumulo cerca de 110.000 caracteres, unas 40 páginas de un documento de texto (contando antes del cambio a 280, claro).

No, no somos coherentes. Cada uno a nuestra manera y a diferentes niveles, por supuesto. Y tampoco es un drama, es nuestra evolución como personas. Hace unos 20 años me hacía sándwiches de patatas fritas de bolsa y kétchup y ahora me he hecho a la moda del real food y no hago otra cosa que comer fruta y evitar el azúcar. Son momentos diferentes, nada más. Me perdono.

La veleta también es mi censora

Hay otra cosa que la veleta se ha encargado de recordarme últimamente cada vez que abro el ordenador: “No es para tanto lo que escribes. ¿Quién te va a querer leer?”. Pues sí, también se ha tomado la libertad de ejercer de censora de lo que escribo. Por suerte, tengo varias herramientas a mano: desde las personas que siempre me siguen y me leen, o sea, mi familia, hasta uno de los libros que tienes que leer si lo que pretendes es ser escritor: El gozo de escribir, de Natalie Goldberg. Su consejo es muy básico y útil y me da una tregua: Escribe, escribe, escribe, sin dejarle paso al censor, solo deja que las teclas (o el bolígrafo) fluyan.

Revisión de septiembre y cosas favoritas

Este septiembre no he sufrido el típico síndrome posvacacional. Ha resultado ser un mes curioso, sin duda, muy diferente a lo que estaba acostumbrada. Como he tenido más tiempo, he hecho cosas que no hacía normalmente como, por ejemplo:

He acompañado a mi sobrino el primer día de guarde. Pobre, entró en aquel concierto de lloros inocente de él y, cuando se dio la vuelta, ya no estábamos ni mi hermana (su madre) ni yo.

He salido a hacer ejercicio por las mañanas.

He disfrutado de no tener que ir corriendo a todas partes.

He ido al cine un miércoles, ¡un miércoles! A 5,90 €.

He visto varias pelis y documentales. Os recomiendo esta peli y este documental made in Spain (una reflexión acerca de la soledad en la naturaleza, con unas imágenes preciosas y que transmiten paz -la escena final es brutal-).

He pateado las calles de Madrid como nunca antes lo había hecho.

He aprendido que en el contenedor amarillo solo envases: no cualquier cosa de plástico que tiremos a la basura.

He visitado la feria Momad y dediqué más tiempo al pequeño espacio de moda sostenible que al resto de la feria. Estas marcas están innovando e invirtiendo mucho en I+D+i.

He montado mi armario cápsula de otoño.

He empezado a usar champú y acondicionador sólidos.

He descubierto este podcast. Y este blog que me encanta y del que os hablaré cuando escriba de dinero.

He mandado este mensaje a mi veleta.

He retomado mi blog de libros. Estoy leyendo este. Dentro de unos días haré la reseña y completaré la sección de novela feel good.

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