La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

Una de las cosas que más me obsesiona en la vida es saber cómo viven o han vivido otras personas. En realidad, lo que me maravilla es ver la diversidad de posibilidades siendo en esencia, como somos, lo mismo. Pero hay tantas circunstancias, que las combinaciones resultan infinitas y el resultado somos cada uno de nosotros.

Bajo esta premisa y sin saber cómo, llegué a una reseña de La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. Había una mezcla de palabras que juntas parecían imposibles: libro inclasificable, biografía de Marie Curie, muerte del ser amado, buena muerte, recuerdos personales de Rosa Montero, entre otras, que despertaron mi curiosidad por saber cómo se montaba todo aquello.
Así que el 1 de enero, con los propósitos de año nuevo muy recientes, empecé a leer. Y, a pesar de que algunas partes del libro, sobre todo interpretaciones de la autora, me parecieron un poco alejadas de mí, disfruté con algunas reflexiones, con el relato de la vida de Marie Curie, y con la historia del descubrimiento del radio.
Pero, sobre todo, me dejé llevar en los momentos en los que Rosa Montero habla del dolor de perder a tu compañero de vida y el duelo posterior. A pesar de que, como dice la escritora, este libro no va sobre la muerte, yo no he podido (o no he querido) dejarlo en un segundo plano. Intentar entender la muerte en varias de sus facetas es algo que tiene muy intrigado a mi curiosidad. 
El título del libro, en sí, me parece maravilloso: La ridícula idea de no volver a verte. ¿Cómo puede alguien si quiera imaginar que al día siguiente no podrá ver a su media langosta? No me lo imagino, no cabe en mi cabeza. Y justo es así como describe Marie Curie el momento en que le dicen que su marido ha fallecido:

Entro en el salón. Me dicen: “Ha muerto”. ¿Acaso puede una comprender tales palabras? Pierre ha muerto, él, a quien sin embargo había visto marcharse por la mañana, él, a quien esperaba estrechar entre mis brazos esa tarde, ya solo lo volveré a ver muerto y se acabó, para siempre.

Pero después de este primer mazazo, viene el duelo, un duelo del que Rosa Montero dice que vivió como una enfermedad de la que creyó debía curarse cuanto antes después de la muerte de su marido, lo que fue un error. De hecho, ella dice que “la vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa, que incluso desde los primeros momentos de la pena te permite gozar de instantes de alegría […] Pero, al mismo tiempo, la pena también sigue su curso. Y eso es lo que nuestra sociedad no maneja bien: enseguida escondemos o prohibimos tácitamente el sufrimiento”.
Qué difícil es gestionar emociones, y más si se trata de uno de los momentos sin duda más duros del ser humano. Una forma de aliviar el sufrimiento está en lo que decía al principio de esta reseña, en observar de cuántas maneras diferentes vivimos este proceso. No hay más que echar un vistazo a la película de Disney, Coco, por ejemplo, para notar que los mexicanos sienten la muerte de otra manera.
De hecho, hace poco, a través de la cuenta de instagram de una periodista murciana, descubrí un nuevo modelo de negocio que está intentando dar un nuevo sentido a la forma en que se aborda la muerte de un ser querido a través de lápidas homenaje a la persona fallecida. Curioso, sin duda, todavía un poco tabú en nuestra sociedad pero, de alguna manera, proporciona alivio.
Para terminar, a pesar de que me ha quedado una reseña muy asociada a la muerte, he de decir que este libro es también un medio para conocer un poquito la historia de Marie Curie y de su familia, y de cómo consiguió abrirse paso en la elitista sociedad científica de la época.
Me quedo con las reflexiones acerca de cómo, tanto Marie como Pierre Curie, se rindieron ante el descubrimiento del radio y la forma en la que se llegó a utilizar en la época: en pinturas para esferas luminosas de relojes e incluso una lana radiactiva para hacer ropas de bebé con fuente de calor. Por lo visto, este furor por el radio duró tres décadas hasta que en los años 30 del siglo pasado la gente empezó a ser consciente de los peligros de este descubrimiento. Y dice Rosa Montero: “¿No te inquieta pensar cuál será hoy nuestra radiactividad autorizada, qué sustancias legales nos estarán  matando estúpidamente?”.

2 thoughts on “La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

  1. Fue una de mis grandes lecturas del año pasado, me pareció un libro increíble y aún guardo un grato recuerdo. Un libro en el que se mezcla las reflexiones sobre la pérdida y Marie Curie y lo hace de una manera absolutamente deliciosa. Sin duda recomendadísimo.

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